Al plantearme escribir sobre Mabel se me presentan varios hilos de los que tirar: hablar de la obra, del contenido en sí de la obra, de su significado en el ecosistema… pero antes de intentar poner luz a estas cuestiones, quería dar mi opinión personal. Mabel, para mí, representa que, como seres humanos, hemos hecho las cosas bien. Miraba a mi alrededor durante la obra y veía caras con miradas de asombro, caras que expresaban conformidad, otras más perdidas, y yo no podía parar de sonreír. Me hacía demasiada gracia pensar en lo aleatorio que es que existamos como humanos y que estemos en un teatro entreteniéndonos, pasando el tiempo, divirtiéndonos, consumiendo el arte de Mabel. No sé, es tan específica… La ironía, la doble cara con la que consigue tratar ciertos temas, me parece brillante. Si a eso le sumas el ejercicio de resistencia, el movimiento que viene de la danza contemporánea y ese escenario que la multiplicaba en varios reflejos que expandían su intención a cada persona que estaba en Casa Montjuïc, tienes un resultado excelente.
Pero empezando por el principio, esta pieza se titula CUT ONE’S TEETH y está contextualizada dentro de la programación del Festival Grec, en su 50 aniversario, en la Casa Montjuïc, los días 8, 9 y 10 de julio. Interpretada por Mabel Olea.



Antes de entrar, me topé con un escrito de Mabel en Substack, que dice lo siguiente:
“El Diamante lo ha empapado todo, la idea de congelar lo efímero, de amar la belleza y pervertirla en el intento de hurgar en ella. No se puede explicar lo fugaz, lo breve… pero creo que la única forma de acercarnos es mediante la repetición. La repetición te dota de disciplina y te acerca a lo sublime: hazlo una vez y estará bien, hazlo 100 veces y será eterno. Lo fugaz y lo eterno forman parte del mismo trato temporal.
No sería bueno por mi parte prometeros el cielo sin deciros que ese proceso disciplinario e incansable implica un sacrificio y una dureza del cuerpo. El cuerpo debe convertirse en Diamante, se debe pulir a sí mismo y afrontar la rigidez de la norma para trascenderla y convertir el mecanismo de adiestramiento corporal y mental en un campo de juego muy amplio y muy libre.”
Una reflexión sobre la perfección y sobre el ejercicio de disciplina y resistencia al que se somete bajo la realización de la pieza. Este texto introduce muy bien la respuesta a una pregunta que es el eje de este escrito: ¿Qué dice esta obra del momento actual que vivimos? Y una pregunta que me parece interesante responder como eje del observatorio: ¿Qué hace posible que el arte de Mabel Olea exista en este contexto contemporáneo?
Considero necesario hablar de la estructura del Festival Grec, que, después de 50 años, sigue difundiendo arte y apoyando a la comunidad artística. Esta edición pone el foco en la “razón comunicativa”: entender la importancia del presente para comprender el pasado y poder captar los retos del futuro. Os invito a ver su programación de 2026 porque están pasando cosas increíbles.
Volviendo al eje, otro de los motivos que ha hecho posible que Mabel haga esta pieza es que tenga el tiempo y los recursos para desarrollarla. Para ello, Mabel se presentó con su dosier y la pieza a las becas Crea en 2023, las cuales le concedieron, y con ese impulso decidió reunirse con el equipo del Grec para presentarles su trabajo y ver si encajaba coproducirla. También presentó la propuesta al Mercat de les Flors y se sumaron a la coproducción, siendo el Grec el productor oficial.
Y, por otro lado, aunando las respuestas de ambas preguntas, creo que el diamante es un buen símbolo de la perfección. La perfección se entiende como el grado máximo de bondad, perfección o excelencia en cualquier cosa. Siendo el ejercicio de pulir un diamante, se podría decir que es practicar la perfección, pulir lo perfecto, acercarse a lo divino. Un ejercicio de repetición que te dota de práctica o una práctica repetitiva que te dota de excelencia.
Bien, si pienso en la sociedad en la que vivimos, en un momento donde la cultura se ha convertido también en una forma de capital simbólico, en una era de consumo digital con escasa capacidad de retención y de poca tolerancia, me hace pensar que intentar acercarse a la excelencia con tu práctica puede parecer un refugio, convertirse en identidad y que esa sea tu guía en este mar de posibilidades. ¿Qué significa ser bueno en algo? ¿Qué se obtiene al ser excelente? ¿Lo que cuenta es el proceso o el resultado?

Otro tema importante que me impactó fue la fricción, el coste corporal de la práctica, como parte del proceso. Esa corporalidad de Mabel, tan expresiva y tan desgastada, con la que mostraba movimientos repetitivos, ayudaba a construir el relato, pero poco a poco iba dejando un poso de cansancio en ella. Un desgaste que dejaba de ser únicamente físico para convertirse en parte del lenguaje de la pieza.
Llegados a este punto, se podrían seguir desarrollando las respuestas, ver qué hilos se abren y seguir respondiendo a las preguntas. Pero creo que me gustaría concluir con dos ideas. La primera es que, para ver a una artista como Mabel Olea dentro de la programación del Grec, la artista ha tenido que moverse y contactar con instituciones. Si volvemos a mi esquema de marcas/artistas/instituciones, veríamos cómo la relación que propuse se mantiene, pero también desvela que el talento tiene que moverse por el ecosistema. No siempre son las instituciones quienes vienen a proponer, rara vez.
Seguiremos respondiendo a estas preguntas en los siguientes artículos, cartografiando el ecosistema y poniendo el foco en la relación de las instituciones y las marcas con el talento contemporáneo. Gracias, Mabel, por tu arte, y gracias a las lectoras por acompañarnos en este recorrido.
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Fotos del artículo hechas por mí.